jueves, 30 de octubre de 2008

SER MUJER… ¿CUESTIÓN DE HONOR U HORROR?

Jueves 23 de Octubre del 2008
Noemí Rey

Seis de la mañana, según recuerdo mi madre se levantaba para despertarnos o más bien tirarnos de la cama para asistir a la primaria que de mala gana nos había inscrito, entre gritos y jalones nos subía al coche, algunas veces sin desayunar para que llegáramos a tiempo pero nunca, nunca que yo recuerde me metí al colegio sin recibir un tierno beso en la mejilla y un te quiero dulce de esa voz que nunca olvidaré.
Tendríamos que sentarnos pacientemente a analizar el hoy de la mujer, las exigencias de un país que con o sin previo aviso se va a la quiebra y el contraste de los hogares que se desintegran a una velocidad de 24 x seg.
Ser una mujer hoy ¡cuesta!, y no hablo de un aspecto monetario sino planteando un parteaguas drástico en el que no sólo desempeñamos el papel de educadoras, trabajadoras, amantes, esposas y ¿por qué no? hasta de sirvientas de nuestros propios hogares.
Comencemos como dirían por ahí, por el principio. No sé a quién se le ocurrió eso de la liberación femenina, ¿Qué no notaron que de por sí la vida de las féminas ya era lo suficientemente complicada? No conformes con el hecho de ser las responsables del hogar, la educación de no sólo los hijos que Diosito nos quisiera mandar, sino que reeducando también al marido, a alguien se le ocurrió la brillante idea de que la mujer debería de tener igualdad de derechos, pero ¡OJO! Nadie notó que esa “igualdad” involucraba también una igualdad de obligaciones y tampoco notó que esa igualdad no mencionaba las actividades del sexo que tenemos por fuerte, o sea que de ese momento en adelante nosotras seríamos todo, es decir, no conformes con lo que teníamos encima queríamos más, y hoy se atreven a reclamarnos el porqué de nuestra locura.
Si bien es cierto que el hombre como figura es quién debe patrocinar los gastos familiares, es también quién debe aprender que esas lindas dos manos que tiene sirven para más cosas de las que las películas porno enseñan.
Afortunada o desafortunadamente estamos pasando por una etapa en la que las competencias, no únicamente laborales, son más intensas, una etapa de reeducación en general, una reeducación desde las entrañas de nuestra cultura y nuestros valores.
Ser mujer es una dulce, complicada y exigente tarea hoy por hoy, que demanda ternura pero agresividad, templanza y orgullo, prudencia y coraje, una combinación extraña y equilibrada de cualidades y defectos que son necesarios para responder por todo lo que se espera de nosotros.
Es definitivamente, cuestión de honor.

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