Por: Jorge Ramírez
Sin duda uno de los cineastas más sobresalientes en los últimos años, nacido en México Distrito Federal, se graduó en derecho internacional, pero pronto descubrió que hay cosas que no se deben callar, sino contar y es así como en Bélgica comienza a estudiar cine y a realizar su primeros cortometrajes, su prestigio actual, sólo se compara con el trío de los “CHA CHA CHA” (Iñárritu, Cuarón y del Toro) pero que a la vez distan mucho en estilo y discurso.
Reygadas se caracteriza por su sencillez, sutileza y casi apasionante lentitud, que en cada cuadro que uno observa es un bello pedazo de realidad, una realidad retratada bajo la imparcial mirada de una cámara de 35 mm. , una realidad que es innegable y que transcurre enfrente del lente mientras Reygadas nos relata historias que van desde lo obvio, hasta lo impensable , nos lleva por los senderos de personajes que fueron secuestrados de sus realidades para colocarlos en cuadro y hacer lo que mejor saben: vivir.
Sus películas llevan implícitas la crudeza de sus propios personajes; películas carentes de guiones pero llenas de sinceridad y sensaciones apabullantes que logran hacernos caer en el encanto de lo que bien podrían ser un documental sobre la vida mexicana, sus tres obras “Japón, Batalla en el cielo y Luz silenciosa”, han ganado los reconocimientos de los festivales con mayor autoridad en el ámbito cinematográfico.
Reygadas ha podido consolidar su estilo y discurso; es comparado con grandes cineasta como Kim Ki- Duk, Gust Van Sant y Andréi Tarkovski. Algunos cineastas mexicanos como Amat Escalante han aprendido y transformado el discurso de Reygadas en sus obras.
Tal vez la evolución del cine sea un contrasentido a las bases del mismo y Reygadas nos insinúa en sus cintas, que la cámara dejó de ser un instrumento de filmación , y se ha convertido en una herramienta para el escrutinio de una realidad que podría parecer una ficción, de una realidad que sucede pero que no es atendida, de una realidad violada pero no corrompida. Nos hace una invitación a mirar dentro de nosotros, a escudriñar entre lo que parecemos y lo que somos, entre lo que decimos y lo que realmente hacemos, realidades desconocidas pero cercanas, íntimas y a la vez lejanas, distantes y negadas, anegadas pero no olvidadas.
Así es como Reygadas nos regala sus temores, sueños y una que otra pesadilla, comparte por medio de una cámara de cine, lo pequeños grandes detalles que el mundo se pierde, o lo que nosotros no percibimos entre los parpadeos del ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? Mientras tanto Carlos va y viene y de regreso.
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