Por Alberto Herrera
ECATEPEC, EDO. MEX. Jueves 30 de octubre de 2008
21:18
La incertidumbre no es ocasional; ante los cambios en el mundo y el desconocimiento del porvenir, cada individuo es responsable de su propia interpretación. Así, un ordinario vigilante de las instalaciones de una universidad responde –inseguro y deseando permanecer en el anonimato- aquellas preguntas que incluso el mismo presidente de la nación más poderosa del mundo (hasta ahora) no se atreve a responder. Me acerco a él, indeciso y con plenas intenciones de penetrar en su pensamiento. Titubeante, pregunto después de la cortés invitación al despiadado cuestionario: -Las elecciones para presidente en EU serán el 4 de Noviembre del año en curso. ¿Qué resultado pronostica Ud.?-. Con una mirada distante que enarbola la indecisión de un extraño a los asuntos internacionales, responde: -Obama, seguramente-, más deseando que augurando. Enfoco la mira y ataco: -Si el candidato que Ud. menciona ganara, ¿Cuáles cree que serían los beneficios para nuestro país?-. Yo mismo no puedo fabricar una respuesta adecuada a tal evento, y el osado dispara con súbita parsimonia: -Las relaciones entre ambos países mejorarían, Obama promete una alianza con nuestro país- contesta con una difusa sonrisa. Confiado en la estabilidad emocional del personaje, cuestiono: -A su consideración, ¿Cuáles son las ventajas de elegir a tal candidato?-. Él no teme a una desventaja, simula creer en la supuesta verdad del personaje. -Me parece que habría más limitación hacia la comunidad latina; después de todo, sería un precio justo a un buen trato. Ya ves que en otros gobiernos los ponían a hacer los trabajos que ni los negros hacían- declara con voz cansina y ánimo menguado. Es curioso encontrar una opinión -en tiempos aciagos- que no hable de injusticia al menudeo y decadentes propuestas; -Creo que el mundo se las está viendo negras, pero no es para tanto, antes de lo bueno siempre hay algo malo- confiesa con un dejo de conformidad. Pregunto impaciente: -De acuerdo a su punto de vista, ¿Es relevante la ventaja que Barack Obama ostenta sobre McCain?-; su mirada sarcástica refleja la reacción contenida y el siseo espontáneo me hace recapacitar. Fui ambiguo, es el tipo de interrogante que es obvia y no merece la pena. Apenado, lanzo de nuevo el cebo: -Según su valoración, ¿Cuál partido supone mayores ganancias para nuestro vecino?-. Reconoce con inaudita arrogancia:-Barack sería un respiro para su país. No creo que le guste mucho a bola de ratas blancas- . Me sigue cautivando la tranquilidad de un sujeto al que jamás habría pensado dirigir una palabra más que el “Hola” en un arrebato de cortesía y, ya entrado, prosigo. -¿Considera Ud. la posibilidad de un fraude electoral –en caso de que resultara ganador Barack Obama y considerando la supremacía ideológica de la raza blanca aún subsistente en EU.?- demando con morbo y ligera sospecha. Él no baja la guardia y asesta: -Es lógico que no lo quieran, y es más lógico que impidan su ascenso. Ojalá no pase.- concluye. Su ademán impaciente me avisa que la entrevista ha terminado. Debe atender al teléfono y estoy seguro que en el reducido universo del honorable ciudadano, sólo hay lugar para ocuparse de los asuntos propios. Sí, normalmente nos descubrimos golpeteando nuestra cabeza con el fatídico sentimiento de la incertidumbre; EU las ve negras, y estoy seguro, se acostumbrará al negro en menos de lo que piensa.
lunes, 3 de noviembre de 2008
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